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« Asun | nere bulegotik | Noviembre 2005 . 1陋 Conferencia Internacional sobre Pol铆ticas Culturales »
El 15 de Septiembre de 2004 present贸 Bernardo Atxaga la edici贸n en espa帽ol de Soinujolearen semea: El hijo del Acordeonista. Tuvieron la deferencia de invitarme a sumarme a la presentaci贸n tanto el escritor como su agente Alejandro Zugaza, no tanto en mi condici贸n de director de KOLDO MITXELENA Kulturunea como de simple lector. En alguna ocasi贸n me han pedido el texto que, ahora que es verano y uno esta ab煤lico, lo pongo a vuestra disposici贸n. Tiene cierta importancia recordar el ambiente "literario" y pol铆tico de la 茅poca para entender el contexto de algunas consideraciones...
La inocencia, la memoria
Buenas tardes, bienvenidos todos: nos une hoy un grato acontecimiento, vamos a tener el placer de poder escuchar y conversar con el autor de El hijo del acordeonista 鈥 Soinujolearen semea- aqu铆, en KOLDO MITXELENA Kulturunea, en Donostia.
Est谩 con nosotros Joseba Irazu.
Debo a su generosidad el que me encuentre acompa帽谩ndole durante esta tarde. Acto que agradezco de verdad, pues lo voy a aprovechar para explayarme un momento.
Voy a hablar de dos modos, dos prismas o coordenadas de relatar 鈥搇a inocencia y la memoria- que en la lectura de las versiones de Soinujolearen semea, El hijo del acordeonista- me parecen dignas de menci贸n. Me refiero a la inocencia y la memoria del escritor a la hora de enfrentarse a escribir.
Estoy en que no es una casualidad el que estos dos principios sean tan significativos en esta obra, creo, m谩s bien, que la biograf铆a del escritor se帽ala hitos en los que la dial茅ctica inocencia-memoria se ha ido nutriendo y manifestado. Fundamentalmente gracias a la versatilidad, a los lugares, caminos y v铆as emprendidos en su vida, a su formaci贸n y a sus diversas escrituras.
Asteasu - Andoain como lugar de nacimiento y pervivencia el primero, se ve enfrente del segundo, donde cambios sociol贸gicos y urban铆sticos se producir谩n antes.
Bilbao, ciudad, con la dureza de lo urbano de mediados de los 70, estudios universitarios de Ciencias Econ贸micas. Aresti, aproximaci贸n a la modernidad, al experimento, al grupo, la renovaci贸n literaria: Ziutateaz, Etiop铆a el poemario.
Barcelona, estudios universitarios de Letras completar谩n su formaci贸n.
La opci贸n por la literatura infantil y juvenil: Bambulo, Shola, Jimmy Pottolo, Nikolasa.
Me atrevo a mencionar Pello Errotaren bizitza bere alabak kontatua y, quiz谩s, desde ah铆, en mi modesta opini贸n, las dos v铆as de creaci贸n literaria:
Uno el eje Bi anai, Obabakoak, Memorias de una vaca, m谩s pr贸ximo a la inocencia.
Y Otro el de El hombre solo o Esos cielos, m谩s cerca de la memoria.
驴Qu茅 pretendo distinguir con ambos t茅rminos?
Pues bien, Ungaretti, el poeta italiano, recuerda Luis Mu帽oz en la introducci贸n de su traducci贸n del Cuaderno del Viejo, consideraba que la poes铆a se rige, y toda narrativa esconde una po茅tica, en torno al enfrentamiento 鈥渋nocencia/ memoria鈥.
Y las define as铆:
Inocencia / memoria es lenguaje primitivo, originario frente a memoria hist贸rica. Es funcionamiento m谩gico de la palabra frente a funcionamiento l贸gico, indagaci贸n en lo oscuro frente a conocimiento previo, emoci贸n frente a literatura, pasi贸n frente a construcci贸n. Inocencia es, dice Ungaretti, canto religioso, oraci贸n, luz naciente. Memoria es juego de reflejos, profundidad, oscuridad en la que acaba encerr谩ndose el hombre.
Y este juego entre la inocencia y la memoria podr谩 ser fecundo, esclarecedor y vivificante o castrador, oscuro y destructor.
Bien, me atrevo a dar fe, como lector, de que una de las claves del 茅xito de esta novela se debe al perfecto equilibrio, a la tensi贸n constante que se da entre ambos principios a lo largo de todas las narraciones.
Ahora bien, no crean que inocencia sea igual a candidez o memoria lo mismo que historia.
S铆 puede haber personas que, por alguna raz贸n muy personal, no quieran tener en cuenta esa relaci贸n, esa dial茅ctica de estilos y modos complementarios. As铆, se les puede ocurrir detenerse en detalles nimios de la inocencia de la que el escritor ha hecho gala, o, por el contrario, pueden hasta querer exigir que la narraci贸n se convierta en un ensayo de psicolog铆a social o de politolog铆a. Y se equivocan. La narrativa habla de la vida, la embellece o la envilece, y las ciencias quieren interpretar la realidad.
La narrativa habla de la vida y El hijo del acordeonista as铆 lo hace:
El despertar, aunque sea contaminado por la violencia; el deseo de ser en los otros, la p茅rdida del para铆so, la b煤squeda de un nuevo ed茅n; y la muerte con sus peque帽o testamentos y resurrecciones son, en mi parecer, los temas claves de la madeja de narraciones contenidas en este libro.
Y desde la memoria y la inocencia hablar谩n las palabras. Las palabras ser谩n m谩gicas y evocadoras, como lo ser谩n las mariposas y los caballos; dibujar谩n personajes, provocar谩n situaciones, acontecimientos y sentimientos, remover谩n interiores. Ellas, las palabras, hilvanar谩n riachuelos que confluir谩n en r铆os que desembocar谩n en distintos mares. Y as铆, por ejemplo, aquel escenario de Obaba de Bi anai o de Joxe Francisco se dulcificar谩, porque habremos aprendido que para encaminarse hacia la verdad y el amor hay que desarraigarse, marcharse y alejarse de casa, desprenderse de cualquier v铆nculo inmediato y de cualquier religi贸n de origen...
Que nadie se quede, en consecuencia, con la idea de que esta es, exclusivamente, una novela de 谩mbito local, de los vasquitos y neskitas de los 60-70, de nosotros. Tambi茅n lo es, la prueba esta en el magn铆fico retrato atrapado de nuestra generaci贸n. Con orgullo y verg眉enza, nos encontramos elevados a categor铆a universal, a protagonistas desnudos de lo que vivimos entonces, observados y degustados por hombres y mujeres, muy pronto, de gran parte del mundo.
Nos parece imposible que para nuestros hijos sea ya irrevocable y desconocido pasado lo que para nosotros sigue siendo arduo presente. Todos, en este sentido, somos v铆ctimas y culpables de incomprensi贸n.
Esta m谩xima de Claudio Magris recoge otra aspiraci贸n colmada por la narraci贸n: superar las distancias, apuntar el inconsciente, sugerir las razones que nos impulsaron a tomar decisiones, reconocer las traiciones y recuperar los olvidos - en este sentido la valent铆a y el amor del retrato de Lubis son dignos de encomio -; y, con la nostalgia y melancol铆a de cada cual, aceptar que ya destruimos el viejo mundo.
No hay como estos principios po茅ticos que impregnan al Hijo del acordeonista para perdonarse uno mismo, dulcificar la vida y aprender a morir.
En fin, qu茅 m谩s decirles, s贸lo invitarles a vivir estas sensaciones personales que les he esbozado haci茅ndolas suyas, a dejarse llevar por una historia literaria magn铆ficamente contada que emociona, desgarra e interpela. No se la pierdan.
He le铆do las dos versiones, en euskera y castellano, y f铆jense lo que son las lenguas y los sentimientos que acarrean. Siento, en la versi贸n castellana, una mayor desnudez, como si pudi茅ramos ser objeto de observaci贸n, como si estuvi茅ramos en flancos de miras dispares y desconocidos, mientras que la versi贸n en euskera me supone una mirada casi 煤nica de introspecci贸n. Comprendo m谩s las dificultades para verter a otra lengua los significados de una creaci贸n como Soinujolearen semea y cavilo y me pregunto si no tendr铆a raz贸n Edward Said cuando afirmaba que 鈥渘aciones son narraciones鈥.
Nada m谩s. Joseba, en la novela, manifiesta que 茅l no es un hombre de confidencias personales, no es de hablar de t煤 a t煤, que se explaya mejor ante grupos. Aprovechen Uds., en consecuencia, d茅jenle hablar, yo el primero, y pregunten, gracias.