
gipuzkoakultura - nere bulegotik
El pasado a帽o fui invitado a participar en la I陋 Conferencia Internacional sobre Pol铆ticas Culturales, que se celebr贸 en Bilbao. No cre铆a tener nada que decir en temas tan rimbombantes, pero.... Concretamente el tema que me asignaron era "Nuevas pr谩cticas de gesti贸n cultural territorial", que abord茅 desde un punto de vista muy personal y desde mi trayectoria vital.
El resultado es este texto que, siguiendo con la galbana veraniega que comentaba en el anterior post, aprovecho para rellenar estos d铆as de sol, calor y moscas.
KULTUR POLITIKEI BURUZKO NAZIOARTEKO I. BILTZARRA
2005eko azaroaren 14a eta 15a
Euskalduna Jauregia, Bilbo
I CONFERENCIA INTERNACIONAL SOBRE POL脥TICAS CULTURALES
14 y 15 de noviembre, 2005
Palacio Euskalduna, Bilbao
Nuevas pr谩cticas de gesti贸n cultural territorial
Frantxi L贸pez Landatxe
Director de KOLDO MITXELENA Kulturunea, Diputaci贸n Foral de Gipuzkoa
NUEVAS PR脕CTICAS DE GESTI脫N CULTURAL TERRITORIAL
Mi intenci贸n no va a ser de car谩cter acad茅mico, por lo que, puede ocurrir que los t茅rminos que utilice para definir las pr谩cticas no sean los usuales de los manuales y estudios que se realizan en la actualidad. Pido disculpas de antemano, aunque intentar茅 precisarlos al m谩ximo.
Tampoco puedo ser exhaustivo en las referencias que voy a presentar, no voy a describir al dedillo la realidad de las pr谩cticas de gesti贸n cultural de los territorios de nuestra comunidad o entorno; por consiguiente, mis comentarios son fruto de mi experiencia laboral, en la DFG, en el 谩rea de Cultura.
Bien, pretendo hacer una recapitulaci贸n de las variables y caracter铆sticas que han conformado la implantaci贸n y desarrollo de las pol铆ticas p煤blicas culturales; ya que constato que 茅stas han fructificado, sobre todo, en la creaci贸n o implantaci贸n de equipamientos culturales de distinta naturaleza y en f贸rmulas de gesti贸n espec铆ficas. Defiendo que hay f贸rmulas de gesti贸n espec铆ficas. Defiendo que hay f贸rmulas de gesti贸n diferentes en funci贸n de la naturaleza de esos equipamientos, sobretodo en proporci贸n directa a la importancia o valor simb贸lico otorgado por los agentes sociales y pol铆ticos a aqu茅llos.
En definitiva, esta tesis se podr铆a formular en las siguientes aseveraciones:
1.- Cuando los equipamientos y servicios culturales responden a principios de democratizaci贸n cultural, la gesti贸n es de car谩cter p煤blico; ahora bien, cuando los objetivos, motivaciones o razones responden m谩s a temas de desarrollo econ贸mico, impacto comunicativo o singularidad la gesti贸n se aproxima a f贸rmulas privadas.
2.- Las motivaciones que generan las pol铆ticas p煤blicas, en la actualidad, responden m谩s a criterios de desarrollo econ贸mico y b煤squeda de la singularidad que a principios de democratizaci贸n cultural. Se produce, as铆, un nuevo activismo que promueve el surgimiento continuo de proyectos culturales sin mapa previo.
3.- Es f谩cil constatar que esa proliferaci贸n de nuevos proyectos culturales de car谩cter singular va a generar inexorablemente demandas crecientes de presupuestos p煤blicos para llevar a cabo sus programas. A煤n a sabiendas de que la coyuntura econ贸mica es favorable, es innegable que la cultura fiscal dominante sigue conceptuando los cap铆tulos de gasto corriente y de transferencias corrientes como gastos a contener, frente a los cap铆tulos dedicados a la pol铆tica inversora, que se consideran como generadores de riqueza. Si no se producen cambios profundos en esa concepci贸n del gasto p煤blico, es muy probable que los presupuestos p煤blicos no puedan atender lo 鈥渘uevo鈥 y lo 鈥渧iejo鈥...
4.- Con esas premisas, el mantenimiento de las pol铆ticas culturales de proximidad exige, primero, fijar los equipamientos y servicios b谩sicos, en funci贸n de las necesidades ciudadanas a satisfacer; pactar el reparto competencial y las f贸rmulas de financiaci贸n correspondientes y dise帽ar nuevas pr谩cticas de gesti贸n.
脡stas, en mi opini贸n, deben fundamentarse en la creaci贸n del m谩ximo de servicios deslocalizados, en la construcci贸n de 贸rganos comunes que faciliten la gestaci贸n de acciones culturales y en la descentralizaci贸n efectiva y estable de sedes comarcales de los eventos culturales centralizados en las capitales.
5.- A煤n as铆, es constatable que arrastramos prejuicios, puntos de vista encontrados e indefiniciones: Algunos son fruto de nuestro tama帽o territorial, que puede hacer dudar de la pertinencia de planes circunscritos exclusivamente al 谩mbito foral; otros son resultado de la trabaz贸n administrativa peculiar del pa铆s, que provoca que algunas pol铆ticas culturales sean el resultado de la 鈥渂uena voluntad pol铆tica鈥 y no de la claridad competencia y bastante son consecuencia de concepciones pol铆ticas que defienden la absoluta indecencia y responsabilidad municipal de la gesti贸n cultural local, como resultado del aumento progresivo del FOFIM 鈥揊ondos de Financiaci贸n Municipal-.
1潞 Una primera constataci贸n: Cuando el centro de la cuesti贸n era la ciudadan铆a...
La gesti贸n p煤blica de la cultura ha respondido a valores y principios que han sufrido profundos cambios en los 煤ltimos 25 a帽os. Hemos pasado, vertiginosamente, de modelos centrados en las necesidades ciudadanas b谩sicas a proyectos donde los grandes conceptos, cierto gigantismo, la b煤squeda de la singularidad y el impacto medi谩tico dominan las claves de la pol铆tica cultura. Quiz谩s triunfa lo espectacular.
Estoy en que esta tendencia ha supuesto la p茅rdida de principios pol铆ticos rectores de consenso para la gesti贸n cultural p煤blica. Aunque sea de manera t谩cita, los acuerdos, que permitieron el establecimiento de planes de equipamientos culturales b谩sicos y de programas espec铆ficos de subvenciones para su desarrollo, y hasta fijaron el perfil de los gestores culturales, necesario para su gesti贸n, se han ido diluyendo, perdiendo peso espec铆fico, en proporci贸n directa al descubrimiento del valor e importancia de la cultura como motor econ贸mico y de desarrollo.
Un r谩pido repaso a la naturaleza de lo sucedido, en esos 煤ltimos a帽os, nos permitir谩 vislumbrar lo que hemos ido dejando en el camino:
1.1.- As铆, la d茅cada de los ochenta se centr贸 en principios y modelos europeos. El principio rector era la democratizaci贸n cultural. Se quer铆a hacer extensiva la pr谩ctica de la cultura a todos los ciudadanos, se intentaban paliar los efectos de una larga sequ铆a en cuanto a costumbres y h谩bitos de acci贸n y consumo cultural.
Fruto de este estado de la cuesti贸n fue la implantaci贸n de los primeros equipamientos de proximidad: las casas de cultura y centros c铆vicos. De alguna forma, con rapidez intuitiva, se copi贸 y adapt贸 el modelo f铆sico de casa de cultura; pero no se avanz贸 en la definici贸n de un modelo propio de gesti贸n, al estilo de los modelos franceses, por ejemplo, en los que la tradici贸n asociativa civil y las leyes (1901) hacen descansar aqu茅lla, en muchos casos, en asociaciones sin fines de lucro.
Aqu铆 podr铆amos decir que el centro de inter茅s o la referencia m谩s importante eran los ciudadanos y las ciudadanas, pero el servicio ofertado fue de gesti贸n p煤blica casi exclusivamente.
Las pol铆ticas p煤blicas territoriales se centraron en la puesta en marcha y financiaci贸n de planes de equipamiento cultural y tambi茅n en los programas de ayudas econ贸micas que quer铆an facilitar el activismo cultural ciudadano.
Ahora bien, se puede concluir diciendo que, de alguna manera, se pactaron pol铆ticas de consenso:
- Porque hab铆a una definici贸n de servicios m铆nimos a contemplar en los nuevos equipamientos.
- Porque se fijaron f贸rmulas de financiaci贸n compartidas.
- Porque se establecieron programas de subvenciones que marcaban las l铆neas de actuaci贸n.
2陋 Constataci贸n: Cuando pasa a los artistas, pero sin ellos...
1.2.- Al inicio de la d茅cada siguiente (91-95), las instituciones p煤blicas se hacen m谩s conscientes de la existencia de los creadores, de los profesionales de la cultura y se vertebran pol铆ticas tendentes a difundir los productos culturales que los mismos generan.
Esta sensibilidad se traducir谩 en los planes de equipamientos culturales de segunda fase, centrados en la rehabilitaci贸n de teatros y cines y construcci贸n de salas de exposiciones, como lugares para la difusi贸n. El objetivo de estos espacios era el de facilitar el acceso ciudadano a las producciones culturales conceptuadas como n煤cleo de la pr谩ctica y apropiaci贸n cultural: la m煤sica, las artes esc茅nicas y las artes visuales fundamentalmente.
Es verdad que despunt贸 una inquietud hacia los agentes culturales. S铆, pero con alguna carencia. No se profundiz贸 y no se crearon modelos de gesti贸n y explotaci贸n espec铆ficos para esos nuevos equipamientos. De nuevo, se volvieron a consagrar modelos de gesti贸n p煤blica, con funcionarios al frente de los programas de difusi贸n, y se desecharon posibilidades de gesti贸n mixta o privada (sirva de referencia la gesti贸n art铆stica de los Centros dram谩ticos o centros coreogr谩ficos europeos), que hubieran facilitado que algunos de esos equipamientos fueran soporte y plataforma de la creaci贸n art铆stica.
Aqu铆 me atrevo a mencionar, de pasada, otra constataci贸n, otra caracter铆stica de nuestros equipamientos singulares o espec铆ficos: la carencia o d茅ficit existente en equipamientos y programas destinados a la creaci贸n cultural estable. Nuestros equipamientos culturales m谩s significativos est谩n destinados a la difusi贸n cultural. Son acciones y programas de compra y venta de productos cerrados. No son centros de producci贸n art铆stica. En definitiva, espacios/equipamientos que han surgido casi de espaldas a los agentes directamente implicados.
Y, sin embargo, todav铆a en esta fase de la pel铆cula se pueden vislumbrar parecidos consensos t谩citos a los mencionados en la fase anterior: equipamientos consensuados, f贸rmulas de financiaci贸n compartidas y subvenciones econ贸micas a la explotaci贸n.
3陋 Constataci贸n: Cuando la cultura es negocio...
1.3.- (95-05) En el repaso de la historia llegamos a la fase m谩s actual, quiz谩s la m谩s simuladora de la cultura. Cuando la gesti贸n de la cultura es analizada, compartida o suplantada por otras instancias distintas a las habituales. Es el desembarco en la globalidad que conduce a una concepci贸n de la cultura como plataforma interesante para la promoci贸n territorial, econ贸mica y el impacto medi谩tico.
El cebo cultural como motor estrat茅gico de ubicaci贸n en el mundo. Cuando el hecho cultural se puede convertir en negocio porque se cuantifica todo: n煤mero de visitantes, pernoctaciones, Impactos econ贸micos del evento en la ciudad o territorio, beneficio, etc.
Algunos de estos equipamientos son novedosos en cuanto a la gesti贸n. Tienen encomendada una misi贸n de negocio relacionada con la ocupaci贸n de terceros, f贸rmulas de programaci贸n mixta, nunca directa y no tiene ning煤n mandato para incidir en la producci贸n cultural o para facilitar el acceso de la cultura en condiciones especiales. LA administraci贸n los ha conceptuado como motores econ贸micos y recipientes de la difusi贸n cultural, nunca como n煤cleos de producci贸n. Los propios gestores han cambiado, y ano provienen de las humanidades, sino de la econom铆a y del derecho. Las f贸rmulas de gesti贸n utilizadas son sociedades an贸nimas o fundaciones p煤blicas; pero ya no es gesti贸n directa funcionarial.
Personalmente, me atrevo a afirmar que lo importante ya no es el hecho sino la simulaci贸n: tener la m谩xima visibilidad y gozar del beneficio tanto econ贸mico como comunicativo que produce. Tambi茅n es indudable que el fen贸meno, sabiendo de lo que estamos tratando, es rentable. Es una oportunidad y puede suponer el resurgimiento emblem谩tico de las ciudades. No estoy en desacuerdo con 茅l, pero responde a otros par谩metros. Los propios ciudadanos son beneficiarios del evento; pero m谩s como representantes de sectores econ贸micos de la sociedad y de su auto4estima colectiva.
驴Y qu茅 pasa? 驴Es mala esta tendencia? En s铆, no, al contrario, es positivo crear riqueza desde el sector servicios. Ahora bien, genera din谩micas no exentas de cierta perversi贸n: la copia mim茅tica de una f贸rmula internacional, o la importaci贸n de modelos que 鈥減asan鈥 de la realidad del entorno en aras a 鈥渟ituarse鈥 en el mundo globalizado, no responden a diagn贸sticos de necesidades ni a planes de inter茅s general.
Son, adem谩s, apuestas de dif铆cil consenso. Como uno de sus fines fundamentales es el de singularizarse con respecto al vecino, no es pertinente establecer planes conjuntos, ni realizar an谩lisis de necesidades y usos que desemboquen en mapas, ni discutir modelos de gesti贸n o fijar estudios de gastos necesarios para su explotaci贸n.
Bien estamos con los tiempos, hemos cumplido, en un plazo bastante corto, una trayectoria de gesti贸n p煤blica, con fuentes de inspiraci贸n distinta: desde la tradici贸n hasta la pr谩ctica anglosajona de la pol铆tica cultural privada, pero 驴qu茅 intr铆ngulis ha habido en todo el proceso? 驴Qu茅 hemos dejado en el camino?
4陋 constataci贸n: cuando hay que reencontrar el camino鈥
En la gatera se ha quedado, sobre todo, la din谩mica de an谩lisis y de gestaci贸n del propio sector p煤blico responsable directo, hasta entonces, de la gesti贸n cultural. El desembarco de agentes for谩neos, provenientes de sectores como la econom铆a, el turismo o de 鈥渃onsultoras para todo鈥 desencaden贸 el caos. Todos sembraban o recog铆an frutos de la nueva huerta cultural a costa de crear una desorientaci贸n general.
No merec铆a la pena detenerse a analizar la realidad, a detectar carencias y proponer pol铆ticas. As铆, se par贸 el proceso cuando se empezaba a plantear un nuevo consenso alrededor de una carencia determinada: la falta de espacios y programas que facilitaran la creaci贸n cultural estable, la constataci贸n de la falta del h谩bito del encargo y de la coproducci贸n art铆stica entre el sector p煤blico y el privado. Cuando se profundizaba en la necesidad de crear estructuras y programas para la formaci贸n y creaci贸n cultural, cuando se empezaban a pensar nuevas f贸rmulas de gesti贸n art铆sticas de los equipamientos p煤blicos鈥
Se paro el proceso y en la actualidad nos rodean m煤ltiples espacios o proyectos singulares, dotados de 贸rganos de gesti贸n semi- privados (sociedades an贸nimas, fundaciones p煤blicas, museos mixtos), de gran autonom铆a y, en consecuencia, de dif铆cil coordinaci贸n y sujeci贸n a intereses generales y con necesidades presupuestarias nada dese帽ables.
Y ronda la eterna duda: 驴Habr谩 para todos? 驴Podr谩n los presupuestos p煤blicos garantizar su parte de financiaci贸n de todas las necesidades sectoriales nuevas detectadas en la PVC, as铆 como el mantenimiento de los equipamientos singulares y el desarrollo de los equipamientos y programas de proximidad ciudadana?
5潞 Pistas para el futuro, ya pasado en alg煤n caso:
Temo que no va a llegar.
Pues bien, creo que he sido llamado a esta mesa en funci贸n de mi responsabilidad en la gesti贸n de un equipamiento p煤blico, Koldo Mitxelena Kulturunea, que me permite, humildemente, dar a conocer algunas caracter铆sticas de nuestra gesti贸n, que, por extensi贸n pueden servir de pistas, tanto para afianzar nuestra misi贸n ciudadana, como para garantizar nuestro quehacer futuro, compartiendo recursos y especializaciones.
Antes de entrar en materia, debo decir que defiendo la necesidad de lograr un nuevo consenso: hay que recuperar las mesas pol铆ticas y t茅cnicas para que vuelvan a fijarse los nuevos servicios ciudadanos a desarrollar (derechos y deberes), las responsabilidades compartidas de financiaci贸n y los 谩mbitos competenciales y de gesti贸n susbsidiarios. La sociedad cambia a pasos agigantados, aparecen nuevas brechas de discriminaci贸n cultural y los modelos est谩n avejentados鈥
A pesar de lo anterior, considero que podemos avanzar en nuestro d铆a a d铆a y propongo algunos principios orientadores de nuestra gesti贸n:
Deslocalizaci贸n: El desembarco de las ya menos nuevas tecnolog铆as de la comunicaci贸n debe permitir a los ciudadanos el acceso a m煤ltiples servicios y a la satisfacci贸n de diversas demandas, independientemente de su ubicaci贸n f铆sica. Debemos por consiguientes afrontar el reto de facilitar la producci贸n de contenidos digitales, propios y de inter茅s bajo el paraguas de una gran coordinaci贸n. Debemos poner a disposici贸n de nuestra comunidad su cultura como recurso y centro de inter茅s. NO me parece l铆cito que las iniciativas en esta 谩rea de la digitalizaci贸n de la cultura se realicen desmembranadas, tanto por lo que puede suponer de despilfarro, como por la necesaria especializaci贸n. Adem谩s, por una vez, la tan tra铆da y llevada intangibilidad de la cultura puede cuantificarse en bits, en cantidad de p谩ginas y recursos puestos a disposici贸n de los ciudadanos y ciudadanas.
Glocalidad: lo local en lo global. No es f谩cil pensar en enfrentarse al nuevo capitalismo cultural, es m谩s bien f谩cil convertirse en eslab贸n p煤blico de unos intereses comerciales bajo la venia cultura. Nuestro reto es otros: facilitar, con la calidad y dignidad suficiente, la presencia, vertebraci贸n y disposici贸n de nuestra cultura para nuestra ciudadan铆a en el mundo. El ecosistema cultural demanda medidas de discriminaci贸n positiva tajantes para los componentes m谩s d茅biles del mismo. Exposiciones, publicaciones, ciclos deben recoger, con naturalidad y contundencia, las chispas de nuestra cultura que, la debilidad de la memoria o el bombardeo medi谩tico pierden o esconden.
Informaci贸n- Conocimiento. Debemos asumir y compartir, en este caso miro algo m谩s a las bibliotecas, el reto de facilitar el paso ciudadano de disponer de cantidades ingentes de posible informaci贸n al umbral del conocimiento, dar el paso a la capacidad de elegir, al inter茅s por descubrir, por conceptualizar y crear contenidos.
Proximidad-Hibridez de los equipamientos. Servicios remotos y productos f铆sicos, lejan铆a y encuentro. (Servicios on line pero nuevos espacios). Frente a la globalizaci贸n, o mejor a los fen贸menos de masificaci贸n debe ser incuestionable el facilitar espacios de encuentro social, de reflexi贸n, creadores de identidad, de degustaci贸n art铆stica, de mestizaje.
Coordinaci贸n de servicios para los ciudadanos independientemente de la administraci贸n responsables. Debemos a corto plazo, facilitar ya los recursos a los ciudadanos con 鈥渧entanilla 煤nica鈥: subvenciones, carnets de bibliotecas, instancias, horario, entradas, etc.
Transversalidad y vertebraci贸n con la t茅cnica y la ciencia. Los equipamientos futuros, sobre todos los centros de producci贸n, las factor铆as, deber谩n echar m谩s que una mirada a la ciencia, al nicho de formaci贸n t茅cnica especializada que existe en nuestro entorno. La transversalidad de los proyectos exige la b煤squeda y la interacci贸n con la educaci贸n y formaci贸n. NO podemos dejar de lado el I+ D de nuestras empresas, universidades y escuelas t茅cnicas. Si las nuevas tecnolog铆as son el soporte de muchos productos no se deben improvisar: hay que contar con el saber.
Subsidiariedad con los profesionales de la cultura. Los equipamientos futuros no deber谩n suplantar los logros de la iniciativa privada, no deberemos incidir directamente, haciendo la competencia, con la instalaci贸n de infraestructuras existentes en el mercado. Deberemos, en conjunto, llegar a f贸rmulas de complementariedad en equipamientos y servicios.
Sostenibilidad: En un momento en que, a nuestro alrededor se ponen los mecanismos para afrontar nuevos proyectos, debemos conjurar cualquier delirio de grandeza y pensar atinadamente: debemos medir y cuantificar los proyectos f铆sicos en su justa medida y destinar lo estrictamente necesario.
Una persona compra, cinco juntas encargan. Ya es hora de crear demanda, es tiempo de no depender exclusivamente de las veleidades del mercado, es buena 茅poca para asegurar a nuestros creadores cierta estabilidad de trabajo. Juntos, agentes culturales y gestores, podemos fijar la mercader铆a m谩s necesaria y conveniente en cada momento y para cada p煤blico. Entre la libertad y la necesidad.
Red con pescados. Hay que estar en red efectiva de trabajo: debemos compartir infraestructuras, equipos t茅cnicos, almacenes. Es de inter茅s el proyecto de 鈥淪itio patrimonial de Gipuzkoa鈥: proyecto foral que posibilitar谩 la confluencia, para su tratamiento, conservaci贸n y gesti贸n futura de colecciones patrimoniales p煤blicas y privadas en un espacio visitable. Debemos esforzarnos, sobretodo nosotros, en producir para todos, dise帽ar juntos y pasear los productos para amortizarlos y dar m谩s oportunidades de apropiaci贸n.
Sedes estables comarcales, no 鈥渃af茅conleche鈥 para todos. Gipuzkoa es una ciudad de 700.000 habitantes, un barrio de una gran ciudad; pero todos pagan impuestos. Es momento ya de descentralizar con cabeza. Ya no tiene ning煤n sentido ir con ofertas y circuitos 鈥減ara los pueblos鈥, porque la ciudadan铆a es la misma. Hay que plantearse compartir la programaci贸n de calidad de festivales y fundaciones en cabeceras estables repartidas por el territorio. Pueblos y ciudades que, por su idiosincrasia, tradici贸n cultural, disponibilidad presupuestaria puedan y quieran ser plaza de exhibici贸n de actos que s贸lo se celebran en la capital. Y esto de manera natural y con la intenci贸n de crear h谩bito. Obligar谩 a las instancias programadoras a compartir criterios con los agentes locales y a romper el prejuicio de la centralidad. As铆 el festival X asumir谩 que, parte de su programaci贸n original, un ciclo exclusivo, tendr谩 lugar en un pueblo concreto en los pr贸ximos 5 a帽os, por decir una cifra.
He terminado, como podr谩n observar esta retah铆la de principios puede producir cambios profundos en nuestra gesti贸n cultural. Nos obliga a salirnos de nuestra endiablada individualidad, a perseguir la coordinaci贸n responsable, a ceder autonom铆a y nos permite equilibrar el territorio, ahorrar algo, facilitar el avance de nuestra propia cultura y reivindicar m谩s fuerte la necesaria proximidad ciudadana y sus consiguientes presupuestos.