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La imparcialidad"Imparcialidad es un verbo sin sujeto". (Thomaz Ribeiro Colaço).Son pocos los hombres que a sí mismos se reconocen y declaran apasionados.
Hay una pretensión, casi universal, de objetividad que todos o casi todos
solemos manifestar en cualquier suerte de asuntos. "Yo no estoy obcecado;
yo veo las cosas con imparcialidad".
Sería más simple y más claro si todos empezásemos por ahí: por reconocer que en nuestra condición humana nunca se puede quedar enteramente libre de subjetivismos, de intereses, de gustos particulares, de predilecciones, de simpatías y antipatías. Hay que desconfiar del espectador quimicamente puro, incoloro, inodoro, e insípido, que tiene la pretensión de estar siempre "au dessus de la melée", el cual resulta, en la mayor parte de los casos, un ególatra o un introvertido. El estetismo en ciertos hombres me parece un insulto a la Humanidad. No se pueden hacer frases, propaganda o literatura a cuenta de la miseria de los otros. Lo humano requiere pasión, todo lo sublimada que se quiera, pero pasión
al fin. Sin pasión no habría héroes ni santos, sino a lo sumo pequeños
"bien pensantes", "hombres de buena conciencia" —en el sentido peyorativo
de estas expresiones, que no puede ser más equívoco.
¿Existe cosa más triste que la imparcialidad de Pedro en el atrio de
Caifás? "No tengo parte con El; no le conozco. Nada tengo que ver en este
lío".
Manuel Mounier llama justamente la atención sobre el hecho de que los temas más trágicos de la vida humana hayan sido convertidos hoy en motivo de diversión intelectual. "El último absurdo del siglo es el existencialismo como moda: el haber entregado a la charlatanería cuotidiana una filosofía cuyo verdadero sentido es arrancarnos de la charlatenería. La miseria del mundo encerrada en los límites de un café en que se charla... y ya están apaciguados los corazones de estos aturdidos". Otro agudo y profundo pensador francés —desgraciadamente poco conocido en España—, Etienne Borne, apuntaba hace poco en el mismo sentido: "El pensamiento que medita sobre el dolor y más generalmente sobre las condiciones límites de la condición humana, debe hacerse pasión por escapar a la retórica y a la charlatanería". Por desgracia, la palabra compasión ha descaecido, sin duda, de su propio y genuino significado etimológico, hasta hacerse antipática y casi insultante. La compasión no es un mero sentimiento femenino y blandengue,s ino un "padecer con", un hacerse pasión con los demás, un verdadero conocimiento por connatrualidad, de muchas cosas humanas y divinas, imposibles de conocer de otro modo. Ay de quien no sepa o no quiera compadecerse —padecer con—, porque pronto se verá encerrado en su radical soledad. |
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