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Necesidad de definirseEl hombre de hoy siente la necesidad apremiante de definirse y de adoptar posturas vitales frente a problemas en los que se halla comprometida su propia suerte personal. Para representar esta idea los franceses disponen de un vocablo precioso, el verbo "s'engager", que viene de "gage", muestra, prenda o signo de compromiso. En español, quién sabe por qué misteriosa razón histórico-lingüística, nos falta el término que traduzca con exactitud el "engagement" francés y nos vemos obligados a reemplazarlo por perífrasis y circunlocuciones no siempre demasiado claras ni expresivas.De cualquier modo, el hecho es que en la hora actual hay que tomar partido en pro o en contra de muchas cosas importantes. El antípoda del "espectador" es el hombre "engagé", que lejos de colocarse en una postura esteticista ante la tragedia humana, se sumerge en ella y trata de vivirla a fondo. Cierto equívoco liberalismo residual nos induciría a rehuir las actitudes definitivas, a no comprometernos en nada categórico ni profundo. Esto no obsta —claro está— para que puedan tomarse posturas de superficie, pero los estratos más profundos de la personalidad quedarían intactos. El cristianismo es la forma más perfecta y efectiva del compromiso vital: para el cristianismo toda la motivación se reduce a una sola cosa necesaria, que es hacer la voluntad de Dios; pero en virtud de ella el cristianismo se ve metido en las más diversas e intrincadas aventuras existenciales. Pero existe también un cristianismo de evasión que se niega a enfrentarse con la realidad temporal en nombre de una trascendencia mal entendida o insconcientemente explotada. De esta manera el mundo puede padecer enormes miserias e injusticias mientras yo me entretengo en diálogos edificantes, sin entrar ni salir en la pelea. El cristianismo tiene que definirse frente a la crisis de la cultura y a la crisis social y política de nuestro mundo; tiene que aportar sus soluciones, algo más que añoranzas y buenos consejos; no puede limitarse a anunciar que todo se arreglará en la vida eterna y a predicar la resignación y la paciencia. Estas son virtudes hondísimas, que pertenecen al meollo o esencia de la ascética cristiana y que dan la paz a quien las ejercita: debe uno practicarlas, pero no siempre es lícito predicarlas a los demás para que le dejen a uno en paz, sobre todo si la justicia está en entredicho. El acto de eludir una realidad o un problema, de no querer entrar en juego (etimológicamente eludir viene precisamente de "ludera" jugar), es una categoría que no existe en la lógica teórica, pero que en la lógica vital desempeña un papel importante. Junto a la afirmación y a la negación hay que colocar la "elusión", que viene a significar un "déjeme usted en paz y no me complique la vida". En algunos casos esto se justifica por la imposibilidad legal o práctica
de plantear una cuestión en toda su profundidad. En tal caso resulta preferible
no hablar de ella que tratarla a base de tópicos más o menos insinceros.
El fenómeno de la "elusión" en nuestra literatura tiene un interés enorme y merecería un análisis minucioso que no puedo intentar en estas columnas. En este campo he realizado algunas investigaciones concretas y he quedado asombrado de los resultados que se obtienen. Sobre alguna de ellas procuraré volver en otra ocasión. |
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