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Artículos periodísticosNi un opusculo de excelente factura, titulado "El oráculo como fragmento", Gonzalo Fernandez de la Mora traza una preceptiva y una pequeña historia del artículo periodístico. Su intento —que prepara, sin duda, obra más ambiciosa e importante— resulta muy oportuno ahora que, por diversas razonez, el género periodístico está algo descaecido y pachucho.Se olvida, en efecto, con demasiada facilidad, lo que el pensamiento y la literatura deben a este género. Se olvida que buena parte de la obra literaria y filosófica de Balmes, Donoso, Pi y Margall, Costa, Vázquez de mella, Ganivet, Ortega, Unamuno, Maeztu y Azorín, por no citar a otros muchísimos, ha sido realizada desde el periódico o a través del periódico. En Francia se recuerda ahora precisamente el cincuentenario de los famosos "Propos" de Alain. El primero de ellos se publicó en febrero de 1906 en "La Depêche" de Rouen. De aquel regatillo o manantial casi invisible, había de nacer una obra filosófica importante, constituida por miles y miles de "Propos", justamente considerados hoy como título de gloria para la literatura y el pensamiento francés. Es un buen ejemplo de la capacidad creadora que se encierra en ese género, al parecer, tan inconsistente y superficial. Se dirá, sin embargo, que los tiempos han cambiado, que el lector de
hoy ya no soporta latas, que no se interesa en manera alguna por la reflexión
ni el ensayo meditativo. La tónica del periódico la dan la información
local, el comentario ligero de cine o de teatro, el tema popular y sobre
todo el deporte; el deporte, que algunos días amenaza tragarse las ocho
o las doce páginas del diario.
El pulso de nuestro tiempo es rápido y corto. Por otra parte, con las
técnicas modernas la gente se ha hecho perezosa y rehuye el esfuerzo. El
pensamiento hay que servirlo en bandeja. La lectura resulta penosa, el
cine, la radio y la televisión acaban con la tiranía de la letra impresa;
la palabra y la imagen vuelven por sus fueros tradicionales. En cualquier
caso el periódico se defiende mejor que el libro, y éste, para sobrevivir,
tiene que convertirse en introducción, prólogo o ensayo. La mayor parte
de los libros de hoy renuncian a toda ambición mayor y se declaran simples
prólogos de otros libros que no llegarán nunca a escribirse.
Pasaron, evidentemente, los años de 1829 y 1830 en que un gran matemático, Nicolás Lobatschefskij, podía permitirse el lujo de dar a conocer espesamente en un periódico, el "Heraldo de Kazan", su nuevo descubrimiento —¡la Geometria no euclidea!, es decir, la más abstrusa creación del pensamiento matemático que imaginarse pueda. Hoy, más que nunca, como dice bien Fernández de la Mora, "las masas lectoras exigen una estrecha vinculación entre lo que pasa y lo que se dice", tarea titánica, irrealizable, que hace del articulista un heroe desconocido. No me extraña pues que este excelente periodista se pregunte "si merece la pena de escribir artículos de periódico". Simple duda metódica, porque su respuesta es, como la mía decididamente afirmativa. |
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