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El 6 de marzo inauguramos en la sala Erakustaretoa la exposición Behar gorria Primavera azul. Un mes antes, Javier Díaz Guardiola, periodista de ABCD de las Artes y las Letras, realizó una entrevista a Manu Muniategiandikoetxea. La publicaremos en el catálogo que presentaremos en breve.
Mientras, en el periódico de la exposición (PDF; 636 KB) encontraréis un resumen de la entrevista. Bajo el título La hora de la verdad, Javier Díaz Guardiola y Manu Muniategiandikoetxea charlan sobre la exposición, sobre el reto que esta supone para el artista, su momento vital...
Manu Muniategiandikoetxea nos explica que el proyecto que ha preparado para KOLDO MITXELENA Kulturunea tiene mucho que ver con su forma de trabajar de los últimos años:
¿En qué consiste este proyecto para el Koldo Mitxelena?
Yo creo que tiene mucho que ver con mi forma de trabajar de los últimos años, basada en tener en cuenta la estructura de las salas en las que voy a exponer. A partir de ahí surge el tema y la selección de las piezas. Me gusta que la arquitectura del centro donde se expone tenga relación con el montaje, lo que en este caso es algo evidente, porque prácticamente se exhiben tantos proyectos como número de salas alberga este espacio.
En esa tendencia a entender de forma global el espacio que alberga la obra, ¿dónde residía el reto de este centro?
Creo que lo interesante aquí es la relación entre obra y lugar. No quiero caer en el típico montaje. A la hora de construir la exposición tiene que “suceder” algo, se le debe dar un sentido a este hecho, porque si no es así volvemos a caer en planteamientos del pasado. En este momento parte del discurso artístico consiste en considerar qué es exponer, qué significa la producción de obra, para qué se exhibe. Mi respuesta a esas preguntas es que no hay fórmulas mágicas, que debe nacer de un momento particular, de una especie de experiencia. El que venga a ver la exposición debe entender que la obra no es sólo el objeto, sino su instalación y la problemática que plantea el enseñar la obra.
La primera vez que te entrevisté te reconocías como pintor por encima de todo. Decías que no eras escultor y que tampoco controlabas la ocupación espacial. Sin embargo, en tu producción hay ahora mucho de tridimensional, de arquitectónico. ¿Cómo se consigue que al final prevalezca la mirada pictórica por encima de todo?
Yo soy pintor. Sin embargo, en este momento y con Behar gorria, no sé de verdad lo que soy. Parto de la pintura y, si miro lo que voy a exponer aquí, la pintura está en todas partes y a la vez no está, al menos no planteada desde un problema de imagen y de pintura interna, sino tal vez desde la pintura que no tiene por qué ser bidimensional. Otra cosa es que el resultado no sea el habitual, pero tampoco estoy descubriendo nada, porque sabemos que casi todo eso son previsiones de la vanguardia.
Hablemos de la relación forma / función que se establece en cada una de tus piezas.
Parece increíble, pero a la forma no le doy demasiada importancia. Casi aparece sola. Para mí es muy repetitiva y normalmente suele ser una excusa para seguir trabajando. Eso sí: centrarme en la función, en lo que algo tiene que ser y cómo tiene que ser, para qué sirve, es parte del proceso actual que estamos viviendo. Yo creo que el arte debe tener una función de formación, un lenguaje interno, pero en relación con la sociedad, lo sociológico, lo público.
¿Eso significa que ha de ser más ética que estética?
La exposición habla también de eso, porque algunos de los proyectos que la componen van a estar en vías públicas. Desde el momento en que nosotros, como artistas, como agentes del entramado, somos partícipes de lo que ocurre, además de heredar una situación, somos responsables de lo que está pasando y de lo que va a pasar: ahí está la ética.