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La exposición en la que estamos trabajando para la Ganbara de KOLDO MITXELENA Kulturunea, que se inaugurará el 25 de abril, está dedicada a la obra de Isidoro Guinea. ¿Quién era Isidoro Guinea?
Isidoro Guinea, hijo del pintor Anselmo Guinea, nace el 12 de abril de 1893 en Deusto (Bizkaia). Los primeros pasos en el arte los da de mano de su padre, para, entre 1906 y 1911, continuar su formación en la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao. Se siente ya entonces atraído por las artes decorativas, como lo demuestran los premios logrados en varios certámenes y exposiciones en torno al año 1910.
En 1913 gana la pensión de artes decorativas de la Diputación de Bizkaia, lo que le permite estudiar entre 1914 y 1917 en París, Milán y Roma. Es en Italia donde se inicia en las técnicas escenográficas, que a su regreso a Bilbao puso en práctica en varias representaciones (Amaya de Guridi, por ejemplo). Los estudios completados durante estos años determinan su dedicación a todas las ramas de las artes decorativas en su madurez, tales como el cartelismo, la decoración de interiores, el diseño de muebles, la pintura decorativa o la ilustración de libros. En 1926 comienza su labor docente al ser nombrado profesor de la Escuela de Artes y Oficios de Bilbao.
Durante la década siguiente realiza varias colaboraciones con otros artistas, destacando los murales ideados en 1936 para decorar la Casa del Huérfano del Miliciano en Bilbao; ornamentación en la que, junto a Isidoro, participaron muchos de los artistas que entonces residían en la villa, como los hermanos Alberto, José y Ricardo Arrue, Antonio Guezala, Jenaro Urrutia, Félix Arteta y Julián Tellaeche, entre otros.
Hasta el inicio de la Guerra Civil su obra puede verse en las exposiciones colectivas e individuales que tenían lugar en los locales de la Asociación de Artistas Vascos. Los temas que protagonizan las muestras son los paisajes y escenas costeras de Bizkaia, Gipuzkoa y Cantabria.
Isidoro traslada al papel no sólo los paisajes, sino también las personas que los habitan, sus quehaceres y sus moradas. En este sentido, desarrolla una serie de temas que venían siendo habituales desde el surgimiento de la pintura costumbrista vasca en la segunda mitad del siglo XIX y que sus contemporáneos en las primeras décadas del XX habían tratado ampliamente: los pescadores saliendo a la mar, la espera de sus mujeres en el puerto y la aflicción de aquellas que nunca vieron el regreso de sus maridos ¬las viudas de los pescadores¬, las sardineras, el cho o grumete, la madre del pescador... Y, junto a estas visiones tradicionales, en ocasiones posa su mirada en asuntos más lúdicos, como son, por ejemplo, las escenas de playa en las que los veraneantes se solazan al sol (Deba, Zarautz, Ondarroa o Laga).
El interés por estos temas se manifiesta, además, en algunas de sus obras decorativas para el interior de varios edificios, como, por ejemplo, su comentada participación en el ornato de la Casa del Huérfano del Miliciano o el boceto para vidriera que representa el puerto de Mundaka.
Su trabajo en las múltiples ramas de las artes decorativas lo compagina con la realización de algunos óleos y de una extensa obra de dibujos a lápices de colores. Será esta última producción la que le proporcione mayor fama en vida, llegando a ser conocido por su destreza como el rey del lápiz. Son dibujos fácilmente reconocibles por su ejecución mediante un trazo preciso y un colorido suave, entonado, en los que los personajes llevan una existencia silenciosa que parece detenida en el tiempo. Pese a la estilización que los caracteriza, tanto las figuras como los edificios y los objetos están sólidamente construidos, y tienen, además, el valor añadido del interés documental por el detallismo con el que trabajaba.
La Guerra Civil truncará la intensa actividad expositiva de la primera mitad la década, convirtiéndose en un forzado paréntesis. Pese a todo, participa en la selección de obra llevada a cabo por el Gobierno Vasco con destino a la Exposición Internacional de París de 1937, en la que presenta, junto con un tema de obligada actualidad –El Agur del Gudari–¬, dos pinturas en las que el mar es protagonista: El puerto y Sirimiri.
Tras la guerra continúa exponiendo anualmente en Bilbao, aunque ahora, una vez desaparecida la Asociación de Artistas Vascos, lo hará en las galerías Salón Arte y Casa Alonso. Por lo demás, los años finales, lastrados por la enfermedad, no serán muy prolíficos. Dos días antes de cumplir los 54 años, el 10 de abril de 1947, Isidoro fallece en su domicilio bilbaíno. De nuevo un miembro de la familia Guinea moría tempranamente. Antes que él, su padre, con 49 años, y su hermano, con 26, desaparecían dejando inconclusa una prometedora carrera artística.
Pues bien, este Isidoro Guinea es el protagonista de la exposición que, con el título de Isidoro Guinea y las artes decorativas, nos mostrará algunos de los trabajos de este creador. A partir del día 25 de abril y hasta el 23 de junio.