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Ya se ha presentado, en la Ganbara de KOLDO MITXELENA Kulturunea, la exposición Suite Érotique de Jose Antonio Sistiaga.
Se trata de una selección de dibujos de temática erótica que el pintor y cineasta abstracto realizó entre 1980 y 1992. El artista donostiarra pintó durante estos años infinidad de dibujos eróticos, utilizando la técnica de la tiza (azul prusia) sobre papel fidelys blanco 50,8 x 37,5.
La exposición que se acaba de presentar está comisariada por Alvaro Matximbarrena y recoge una muestra de 24 dibujos y dos fotografÃas.
Suite érotique
KOLDO MITXELENA Kulturunea, Ganbara, 31 de enero - 24 de marzo de 2007
De martes a sábado: 10:30 - 14:00 / 16:00 – 20:30
Lunes, domingos y festivos cerrado.
Visitas guiadas para grupos de lunes a sábado.
Estos dibujos se han realizado en segundos con un pastel al óleo por un artista con los ojos clavados en los amantes en acción y trabajando tenso ante una mesa. En cada sesión, se realizaron asà sesenta dibujos, a toda velocidad, sin retoques, sin añadir ni borrar.
Se han conservado muy pocos. Son improvisaciones como en el piano según Sistiaga. (Y para la mano izquierda, como el famoso concierto de Ravel, ¡otro vasco!). Preciso: improvisaciones sobre un tema. ¡Y qué tema!, el más hermoso, el más terrible, el más molesto, el más agradable, el más fascinante, es decir el más dulce y el más espantoso, el más seductor y el más paralizante.
Extracto del texto de Dominique Noguez Ver el amor en los dibujos eróticos de J.A. Sistiaga.
No suele ser lo más habitual que el artista plástico deje a un lado sus espacios pictóricos más convencionales, los que con el tiempo y el oficio ha hecho propios e identificatorios, ya sean estos plenamente figurativos o abstractos, eso poco importa, y se aventure, porque de aventura se trata en el terreno del dibujo erótico, que es, hasta hace nada, dicen unos, hasta ahora mismo, dice la realidad de lo comúnmente vivido, el de lo prohibido y, en la medida en que es prohibido y solo prohibido, moderadamente subversivo, que a más no se llega, por desgracia.
La exhibición del desnudo, protagonista por una vez del centro de la escena, transgrede una prohibición expresa o tácita impuesta por las convenciones sociales, se mueve en un filo de navaja entre lo conveniente y lo incorrecto, asà se presente engañosamente como celebración de la belleza, como icono artÃstico, que el papanatismo hace intocable, sagrado también, como la memoria de los granujas, y otras zarandajas y diferentes galimatÃas que tienden más a ocultar que a aclarar o desvelar lo que por un lado es de una evidencia absoluta, en la medida en que unas piernas abiertas de par en par dicen lo que dicen, y por otro un racimo de motivos que permanecen secretos o sublimados: aquellos por los que alguien se ha puesto a la tarea de pintar esos cuerpos y no otros, en ese escorzo y no en otro, a mostrar ese rincón y no otro.
Extracto del texto de Miguel Sánchez-Ostiz Con Sistiaga en el baile de los coritos.