Esbozo de un interior Omega (1917), pintura de Nina Hamnet
que se pudo
contemplar en la exposición barcelonesa
Entre el
17 de septiembre y el 31 de octubre, la Fundación Caixa de Pensions
expuso en sus locales de Barcelona una amplia muestra sobre el ya mítico
Grupo de Bloomsbury. Una variada y rica selección de cuadros,
fotografías, ediciones originales, objetos y hasta muebles, completada
por una documentación casi exhaustiva y por un ciclo de conferencias
con la participación de prestigiosos especialistas y la asistencia
de Quentin Bell, hicieron de esta exposición uno de los acontecimientos
culturales de la rentrée barcelonesa. Como muchos otros
habitantes de la futura ciudad olímpica, la escritora CARME RIERA
visitó la exposición, narrando aquí sus impresiones
de aquella tarde en Bloomsbury.
UNA
TARDE EN BLOOMSBURY
CARME
RIERA
Me pregunto
si a ellos, los del grupo de Bloomsbury, les hubiera divertido mucho,
poco o nada la exposición. Casi todos, en algún momento,
minimizaron, cuando no negaron, su Bloomsburianismo porque ésta
era una etiqueta con la que desde fuera se les podía catalogar
mejor, es decir, hacer más llevadera por conocida, su heterodoxia.
Me pregunto,
pues, si a los miembros de la sociedad semisecreta "Los Apóstoles"
-Leonard Woolf, Lytton Strachey, Saxon Sydnedy Turner- y a los de la sociedad
"Medianoche" - Toby Stephen y Clive Bell- que entraron en contacto
en el Trinity College de Oxford a principios de siglo, y dieron origen
posteriormente a la tertulia de Bloomsbury, les hubiera hecho gracia ver
expuestas sus fotografías, aireadas sus relaciones sentimentales,
exhumada su intimidad, para ser presentados ante una caterva de mirones
que, en general, apenas si conocen sus obras y mucho menos el espíritu
que las impulsó.
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Roger Fry
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Vanessa Bell
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Caricatura de Lytton Strachey y Clive Bell
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Me pregunto
también si al resto de los bloomsburianos, a Virginia (Stephen)
Woolf y a Vanessa (Stephen) Bell, a Desmond MacCarty, a Maynard Keynes,
a Roger Fry a a Duncan Grant les hubiera gustado.
Me temo que no demasiado. Posiblemente la señora Bell, además
de pintora, excelente fotógrafa, habría protestado por la
intromisión de ojos extraños en su álbum de fotos,
al que pertenecen algunas de las más sugestivas que, a modo de
galería de retratos, nos reciben al entrar, como la de Duncan Grant
con niños y gatos.
Aunque quizás a John Maynard Keynes le hubiera divertido ser huésped
de honor de una entidad bancaria, precisamente en los locales destinados
a su obra social...
Tampoco sé hasta qué punto a Vanessa Bell, a Duncan Grant,
pese a ser amantes, a Roger Fry, pese a haber sido amigo íntimo
de aquella, les hubiera hecho maldita gracia que los rótulos con
que se acompañan sus cuadros y cuya función es indicar autor,
título y fecha, estén, a menudo colocados con cierto desaire,
lo que se presta a atribuciones erróneas.
Sin embargo,
pese a todo, -allanamiento de morada, alevosía...- la exposición
me parece de un gran interés didáctico. Da a conocer - aunque
sea superficialmente- a ese grupo, o no-grupo, de Bloomsbury que, ante
todo, constituye una tertulia de amigos: la que se iniciara el 16 de febrero
de 1905 en casa de los cuatro hermanos Stephen (Toby, Adrian, Virginia
y Vanessa), en el 46 de Gordon Square de Bloomsbury, zona oeste de Londres
- algo así como el ensanche barcelonés -, barrio al que
algunos contertulios acabarían por mudarse más tarde.
La amistad,
reforzada por una intrincada red de relaciones familiares, es, en consecuencia,
el elemento cohesionador del grupo, que rebasa los aspectos vitales para
introducirse en los artísticos. El intercambio, la reacción
similar ante hechos externos, las afinidades electivas, incluso las sentimentales,
se afianzan, sin duda entre los bloomsburianos en los años clave
de la juventud, pese a que se puede hablar de varias etapas de Bloomsbury,
1905-1907, 1907-1911, 1911-1917, e incluso del conato de recuperación,
a partir de 1920, con la creación del Memoir Club, con el
intento de desgranar nostalgias comunes, cuando ya el ocio y el buen humor,
elementos imprescindibles en cualquier tertulia de amigos, habían
ido perdiéndose, porque esos dos aspectos son casi exclusivamente
consustanciales a la juventud.
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Portada del Daily Mirror del
16 de febrero de 1910
Virginia Stephen es la primera por la izquierda y Duncan Grant
es el príncipe abisinio contiguo al caballero de chistera
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Butaca Omega, creada
por Roger Fry. |
Una manera común de ver la vida, que la frase del también
bloomsburiano periférico E.M. Forster resume bien: "Entre traicionar
a un amigo o traicionar a la patria, espero tener el coraje de traicionar
a la patria", es, a mi juicio, el rasgo que mejor define la actitud
del grupo, que se empeña en no hacer caso de la moral al uso, ni
en tomarse en serio el poder y la gloria, pilares que sustentaban en aquellos
momentos el Imperio Británico.
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Esbozo
de un interior para Lalla Vandervelde, por Roger Fry.
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The
Memoir Club, pintura de Vanessa Bell
(1943) en la que, de izquierda a derecha, están representados
Duncan Grant, Leonard Woolf, Vanessa Bell, Clive Bell, David Garnett,
J.M. Keynes, Lydida Lopokova, Desmond MacCarthy, Molly MacCarthy,
Quentin Bell y E.M. Forster. Los cuadros de la pared representan
a Virginia Woolf, Lytton Strachey y Roger Fry. |
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| Estudio
de Duncan Grant, diseñado por Roger Fry, con dibujos
de Vanessa Bell y el mismo Duncan |
Quentin
Bell, en la actualidad, acompañado en la foto por su
esposa y una de sus hijas. |
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| Puerta
del estudio de Clive Bell,
pintada por Duncan Grant |
Una
de las raras fotos de Virginia Woolf,
realizada en 1929 por Gisèle Freund.
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Virginia Woolf en Asham, pintada
por Vanessa Bell (1912)
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Vanessa
Bell, pintada
por Duncan Grant |
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| Keynes
por
Gwen Raverat |
Leonard
Woolf pintado por Vanessa Bell en 1919 |
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Autorretrato
de Roger Fry |
Lydia Lopokova,
bailarina rusaque acabó casándose con Keynes |
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| Desmond
MacCarthy, figura
central del grupo, de quien todos esperaban una novela que jamás
escribió. |
Duncan Grant con
gatos y niños. |
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Virginia Stephen
(aún no Woolf) en 1911 |
Toby Stephen,
hermano de Vanessa y Virginia. |
El grupo de Bloomsbury- como el grupo de Barcelona de los años
cincuenta, con el que, en cierto modo, podría guardar alguna relación-
era, por encima de todo, partidario de la felicidad, predicaba el agnosticismo
y la tolerancia y se empeñaba en considerar iguales -al menos en
el ámbito de la tertulia- a mujeres y hombres. Y esa manera
de ver la vida iba a repercutir, sin duda, en una forma parecida de entender
el arte. En pintura, haciendo esfuerzos por introducir a los artistas modernos
(Cezanne, Matisse, Gauguin, Van Gogh, Picasso, cuyas obras se ofrecieron
por primera vez a los espectadores ingleses en 1910 en la Gratfon Galleries,
gracias a los esfuerzos de Roger Fry, organizador de la primera exposición
post simbolista. Los
cuadros de Duncan Grant, Vanessa Bell y del propio Roger Fry, que la exposición
"El grup de Bloomsbury" presenta, advierten bien a las claras de la influencia
que estos artistas ejercieron en la obra de los tres pintores bloomsburianos.
En literatura, optando por unas formas innovadoras en las que el fluir de
la memoria tiene importancia capital, tal como se evidencia en las obras
de Virginia Woolf y de e.M. Foster, y en las que se observa el rechazo del
edulcorado sentimentalismo al que había sido algo propensa la literatura
inglesa desde Pamela de Richardson hasta la Little Dorritt de
Dickens. Los
pintores y escritores bloomsburianos se interesaron no sólo por lo
que podemos considerar lo estrictamente pictórico o literario, es
decir, la creación en su forma más pura, sino también
por aquellos aspectos que relacionan la pintura y la literatura con los
oficios, con las llamadas artes aplicadas.
No
es casual, por tanto, que en 1913 Roger Fry funde un taller de artes decorativas.
Omega Workshops, en el que un equipo se dedica al diseño de
muebles y objetos domésticos, desde un juego de café a un
biombo, pasando por alfombras, tapices, lámparas o telas, de los
que la exposición "El grup de Bloomsbury" nos ofrece diversas muestras.
En todas domina una obsesión: la pintura, pintura ecléctica
en la que se combinan, con evidente sentido del humor, influencias abstractas
y figurativas, fauves, cubistas y futuristas. Tampoco
puede parecernos nada extraño que en 1917 tanto Virginia Woolf como
su marido Leonard están interesados en la compra de una máquina
impresora ni que este mismo año funden una editorial. The Hogart
Press, en la que enseguida aparece Two Stories de Virginia Woolf
y L.S. Woolf, libro ilustrado con grabados de madera de Dora Carrington.
The Hogart Press dará a conocer a partir de 1917, en cuidadas
ediciones, a los escritores de mayor interés como Katherine Mansfield
o T. S. Eliot, así como la traducción de la obra completa
de Freud. Bloomsburiano
o no, ese singularísimo grupo de amigos, con tendencia a la endogamia,
a quienes sus contemporáneos acusaron de haberse encerrado en una
torre de marfil nos proponen todavía hoy, creo yo, alternativas válidas
no sólo desde el punto de vista literario, en el que, objetivamente,
fueron mejores que en el pictórico, sino incluso desde el punto de
vista vital, por su sentido del humor, por su iconoclastia, su inconformismo
y su propension a desmitificar los valores del sistema. |