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El 13 de octubre de 1966 se podía leer esto en Unidad:
La personalidad del universitario
PARECE que nuestras autoridades académicas han preparado detenidamente un estudio de aquellos principios sobre los que la Universidad del futuro habrá de fundamentarse. Entre otros varios de singular importancia y envergadura, el ministro de Educación y Ciencia acaba de señalar en su discurso de Granada "la formación de la personalidad del universitario a través de los colegios mayores y enseñanza complementaria".
Nos fijamos hoy expresamente en este último apartado, por cuanto de siempre nos ha parecido que es en él, precisamente, donde han de buscarse los mejores dones que la Universidad puede impartir sobre la juventud que frecuenta sus aulas. Hasta el momento, nuestras universidades han pasado, en general, de enseñar unas técnicas profesionales en las que los amplios y definitivos valores humanísticos quedaban al margen. El universitario, hasta el momento, no es precisamente en las facultades que lo gradúan donde adquiere la formación integral, la formación humanística, sin la cual le es absolutamente imposible proyectar sobre la comunidad los más eficaces resultados de su capacidad profesional. El universitario, el universitario ya con el título profesional en la mano, necesita estar en posesión de una forma de ser, de un conocimiento y compenetración del mundo que lo rodea, de los que en absoluto puede prescindir, si no quiere quedar reducido a un técnico más o menos capacitado, pero nada apto para servir con generosidad a la comunidad nacional.
La formación del universitario ha de darse por partida doble. De una parte, en su aspecto técnico, que le capacitará para alcanzar con holgura sus específicos objetivos profesionales; de otra, la Universidad debe valorar en su justa medida que, precisamente por ser el universitario quien luego de titularse pasará a ejercer las funciones rectoras de la sociedad, debe conocer a ésta en sus múltiples y complicados aspectos, con todo su cortejo de virtudes y defectos. Al futuro profesional, a los miles de jóvenes que ahora se gradúan en nuestras facultades, es menester ponerles en contacto con las realidades y problemas de nuestro pueblo, y esto no de forma teórica, sino palpando la cotidiana existencia de las variadas gentes españolas. En ese conocimiento radica la mejor dosis de formación humanística que el universitario puede recibir y que garantizará sobradamente su personalidad. Pues entendemos que la más cierta y eficaz personalidad que puede encajar en un profesional, es aquella que, en definitiva, lo caracterice como un servidor humano, consciente y generoso, dentro de la comunidad donde desarrolla su vida. Es decir, entendemos, que la plena personalidad la habrá adquirido cuando adquiera el convencimiento claro de que el título que le da derecho y sabiduría para ejercer su profesión, ha de estar al servicio exclusivo de la promoción social, cultural y moral de su pueblo. Digamos, por tanto, que si la Universidad no acierta a impartir junto a la técnica, una excelente vocación de servicio al pueblo, habremos hecho, tal vez, buenos profesionales, pero sumidos en un egoísmo que les incapacitará para cumplir lo más excelso de su misión: servir a la comunidad.
Hasta ahora nuestros profesionales salidos de las aulas universitarias, han alcanzado, por lo general su preparación humanística al margen de ellas. Nos alegra notablemente que en el futuro vaya a atenderse esa "formación de la personalidad" a través de los colegios mayores y enseñanzas complementarias. Digamos en honor a la justicia que los pioneros de esta formación integral del universitario –los hombres del Sindicato Español Universitario- acertaron a prevenir el peor mal de nuestra Universidad; su frialdad, ese quedarse en simple repartidora de títulos, sin dedicar lo mejor de su corazón a instruir al joven estudiante en los secretos de la humanidad de su pueblo. La creación de los colegios mayores –aun por desgracia, tan escasos-, los campos de trabajo, las campañas de educación popular, fueron otros tantos hitos que el S. E. U. fue clavando en el futuro de la Universidad. En los primeros, la sana convivencia, las enseñanzas complementarias, dieron lugar a los núcleos que con mayor vigor denunciaron a su tiempo los síntomas de anemia que, por razones de acomodación al tiempo moderno, padecía nuestra Universidad. En los campos de trabajo, en las campañas de educación popular, miles y miles de universitarios del S.E.U. se han venido identificando con el pueblo, conociéndole en sus esperanzas, alegrías, sacrificios y dolores, para así amarlo mejor. Buena formación humanística la que el pueblo puede darnos con su vida cotidiana. Entendemos que ahí radica lo más esencial de la formacion universitaria a la hora de crear una verdadera personalidad en la juventud.
Página 7 de Unidad del 13 de octubre de 1966 (PDF, 2,79 MB)
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