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El 19 de mayo de 1972 se podía leer esto en Unidad:
EUSKALERRIA
Está por escribirse la historia de los balnearios de Guipúzcoa
Está por hacerse la historia de los balnearios en Guipúzcoa. Desde su implantación, a mediados del pasado siglo, y la subsiguiente industrialización hasta todavía no hace muchos años, la vida en los balnearios ha dado más de un motivo para que se incluya en las crónicas grandes del pueblo, bien por el lustre de sus visitantes, bien por la variopinta secuela y por algún incidente que otro de resonancia nacional e internacional. La historia de los balnearios está por hacerse, y a fe que quien se imponga ese menester algún día, será bien venido a la obra.
Los balnearios vistos por dentro, tienen una gracia especial. Ha ocurrido así siempre. Los viejos cronistas que han recogido de pasada, en forma de anecdotario, algunas de las vicisitudes han tratado el tema con mucho ingenio en general, como es el caso que ofrecemos, cuando uno de estos historiadores de las cosas menudas –que a veces son ¡menudas cosas!- se refería al ya entonces último tercio del siglo pasado, acreditadísimo balneario de Cestona.
Habla de los diversos tipos que llegan al establecimiento. El primer tipo o sea el verdadero enfermo que ha llegado a buscar su curación en las eficaces aguas de Guesalaga, se le solía encontrar en los elegantes salones, en el suntuoso comedor o el lujoso restaurante de estilo árabe que recordaba las bellezas de la ponderada Alhambra.
Delgado, empezando a inclinarse por la fuerza del mal que le aquejaba, descansando la cabeza en un cuello que más que tal parecía un badajo de campana ermitaña con la piel del rostro arrugada y de un color que envidiaría el mismo azafrán, se le veía andar con paso incierto, cubierto siempre con un abrigo, siendo objeto de las compasivas miradas de los demás bañistas.
Nuestro cronista señala que en una de las fondas edifcio dependiente del establecimiento, no se encontraba ningún endescrito, pero sí abundaban paclenque como el que queda quidermos (es frase del cronista) de once y doce arrobas de peso procedentes de Eibar, Elgóibar y otros puntos como el Goyerri, que llegaban conducidos en carricoches y escoltados por alguna "neskazarra" de busto parecido a una barra de ferrocarril, cara avinagrada, dos patillas de pelo pegadas a las sienes y un pañuelo de colores chillones cubriendo la cabeza.
En la nómina figuraban otros tipos pintorescos, de los cuales merece la pena ocuparse en cualquier otro momento.
Ese pintoresquismo se puede decir que ya ha pasado, y que el signo de los tiempos ha impuesto nuevos moldes para los habituales a los balnearios, entre los cuales continúa boyante como siempre el de Cestona. Pero tiene también, en este momento, su importancia y no sería malo que a partir de ahora en que se está en puertas de un nuevo veraneo, se montase algún reportaje para contar a los de hoy y para los de mañana la vida interior del establecimiento, en la seguridad de que no defraudaría a nadie. Porque, aunque de otro modo, el pintoresquismo en torno a los balnearios continúa existiendo.
L. de CANTABRIA
Página 9 de Unidad del 19 de mayo de 1972 (PDF, 2 MB)
Estas y muchas otras historias de nuestro pasado en la Hemeroteca digital de la Biblioteca de KOLDO MITXELENA Kulturunea.