
gipuzkoakultura - albisteak
El 23 de abril de 1946 se podía leer esto en Unidad:
Entre nosotras
COCINA
CROQUETAS DE PESCADO.-Limpiar la merluza de piel y espinas; pasarla por la máquina de trinchar. Cocer 200 gramos de patatas con agua y sal, pasarlas por un tamiz. Mezclar las patatas con la merluza, un huevo, mantequilla, sal y pimienta formando una masa espesa; se divide en porciones del tamaño de un huevo, se les da la forma de croquetas bañándolas con huevo batido y cubriéndolas con pan rallado. Fríase con abundante aceite caliente. Pueden acompañarse de perejil frito.
PICHONES PRIMAVERALES.-Después de limpios los pichones se ponen en una cacerola con caldo, un vaso de vino blanco, cebolla, zanahoria, apio, sal, pimienta, laurel y tomillo; se cuecen hasta que estén blandos. Pasar el caldo por un colador fino y reducirlo; se añaden unas hojas de estragón, espesándolo con fécula de patata desleída en agua fría. Acompañar los pichones con guisantes, coliflor y zanahorias rehogadas con mantequilla.
NO PONGAS ODIO EN QUIEN AMASTE UN DIA
Es de hoy, de mañana, de siempre, que a las frases de amor se destinan las rosas, tal vez para que unido a su suave aroma se evoquen los recuerdos divinos del amor.
¿Será tal vez porque el amor tiene cierta semejanza con las flores? Como ellas brilla espléndido en una primavera fecunda, y tal vez, herido por su mismo ardor estival, muere convertido en amor de otoño, se deshoja como esos pétalos marchitos que fueron un día brillantes, pero que de tanto amar al sol perdieron ya el brillo entre sus rayos cálidos.
Por el aroma de las rosas se evocan recuerdos tal vez algo vagos, difusos, pero llenos de esa poesía sencilla que todo inunda con su belleza, y es que el amor tiene también algo de aroma profundo y suave, que sin ser sensible al olfato es sensible a nuestro “yo” y hace vibrar las más recónditas fibras de nuestra alma.
¡Cuántas cosas pueden recordarse ante un ramo de rosas marchitas!
Entre unas miradas, entre unas sonrisas, había surgido algo que no tiene expresión en la palabra; era que había aparecido la primera ráfaga de amor, un amor niño todavía; era cual pequeño capullo prometedor de una espléndida rosa cuando sus pétalos se abriesen para recibir la caricia solar, luego… aquella ráfaga de fuego se convirtió en volcán, había llegado ya a la cumbre de sus promesas; después… llegó el otoño de aquel sublime amor, y cual rosa marchita, fue extinguiéndose poco a poco sin que se diesen cuenta.
¡Cuán humanamente divino es el amor!
En el cock-tail sublime del placer y el dolor.
Lo único que a la vida da forma y color.
Es la ley eterna, la que a todos rige y a nadie perdona; todo muere. A pesar de su grandeza, el amor es mortal; no lo sientas, no te inquietes y recibe con alegría esa bendición del cielo que, aun haciéndonos mal, nos hace bien. Cuando se vaya recuérdalo con cariño, con benevolencia, de la misma forma que mirarías una rosa marchita, sin pesnar en lo que es sino en lo que fue.
Procura no poner jamás odio en los que un día amaste, eso sería no saber amar; ellos no tienen la culpa, es norma de la vida que el amor sea pasajero. Nosotros también pasamos triunfales, mas cuando terminamos nuestro camino desapareceremos apra siempre, dejando a nuestro paso una estela de recuerdos; procura que esos recuerdos nunca por tu culpa dejen de ser gratos.
Página 8 de Unidad del 23 de abril de 1946 (PDF, 2,3 MB)
Estas y muchas otras historias de nuestro pasado en la Hemeroteca digital de la Biblioteca de KOLDO MITXELENA Kulturunea.