
gipuzkoakultura - albisteak
El 24 de abril de 1948 se podía leer esto en La Voz de España:
SINTONIA
Hoy no sé cómo empezar mi comentario. Hay veces que uno preferiría no tener que enterarse de lo que ocurre en el mundo. Daban las doce de la noche de ayer cuando me llegó la noticia de un suceso, no por muy frecuente, evitado.
Me acerqué a la Jefatura de la Guardia Municipal; el cuadro apenas si podría describirlo: seis criaturas de menos de cinco años, en un grupo de doce vagabundos cubiertos de harapos y miseria, acababan de ser recogidos por la Guardia Municipal.
Seis criaturas sin padre, una de ellas en brazos de una mujer famélica y escuálida, que han venido desde Valencia, mitad de polizones en un tren, mitad andando. El cuadro era por demás impresionante. Junto a ellos una mujer extranjera, harapienta y enfermiza, recogida también en la Inspección.
Y el caso trágico y macerante de un muchacho de catorce años, abandonado por sus padres, que, recogido en la Inspeccion duerme todas las noches sobre unos bancos.
No importa de dónde sean, ni cuál es su procedencia, si son gitanos o errantes, truhanes o miserables.
Pero sea cual sea su vida y su miseria, no es justo, ni moral, ni cristiano que tenga que dormir bajo los arcos de La Perla, en los portales o en las alcantarillas de Amara.
Debe instalarse un refugio de transeuntes, de indigentes, de desheredados de la vida en nuestra ciudad, aunque no sea más que por caridad cristiana, por borrar de San Sebastián esta lacra bochornosa.
Juzgamos loables las “readadas” de la Guardia Municipal por las alcantarillas y las cuevas del Paseo Nuevo, y que se les lleve a la Inspección ¿pero, qué se hace con ellos después?
No son bastantes las 2.000 pesetas que el Ayuntamiento presupuesta para pagar billetes de caridad a los transeúntes. Es preciso organizar un refugio, un asilo, un local donde estas pobres gentes puedan pasar la noche. Ayer fueron doce, otros días son veinte y treinta. Y en más de una ocasión humildes gentes honradas cuyos ingresos no les permiten pagar un lecho cómodo y limpio.
Una vez más, llamamos la atención de nuestro Municipio. Conocemos el interés que tanto el jefe de la Guarda Municipal, don Pablo Díaz Dañobeitia, como el primer teniente alcalde señor Chillida pusieron en el caso de ayer. Una buena persona que incidentalmente se encuentra en nuestra ciudad y se enteró del caso, proporcionó alguna comida a los niños, enfermos, y con fiebre alguno de ellos. Sabemos también que Radio San Sebastián envió en el mismo momento doscientas pesetas para socorrerlos, que se recibieron donativos de ropas y calzado; pero esto no basta, ni se puede estar haciendo todos los días.
No es la primera vez que lo hemos pedido: San Sebastián precisa un refugio de indigentes y de transeúntes, pese al temor de que pudiera ser un incentivo para que acreciera aquí el número de mendigantes, pero por otra parte la vigilancia se encargaría de extirpar porque no se puede contar con un Asilo que a las ocho de la tarde cierra sus puertas que ya son infranqueables.
Confiamos en que al igual que en el caso de ayer las autoridades municipales pusieron todo su empeño en ayudar a estos menesterosos, se darán cuenta de que este procedimiento de buscar ayuda cada día no puede seguirse, sino que es permioso enfrentarse con tan trágico problema y establecer el refugio de indigentes permanente y controlado.
BEGUI-BELARRI
Página 2 de La Voz de España del 24 de abril de 1948 (PDF, 3 MB)
Estas y muchas otras historias de nuestro pasado en la Hemeroteca digital de la Biblioteca de KOLDO MITXELENA Kulturunea.