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El 16 de marzo de 1977 se podía leer esto en El Diario Vasco:
La degradación de la enseñanza
El tiempo ha hecho olvidar cuál era la situación de la enseñanza hace unos años, y como en esta última época se ha abusado tanto de términos pomposos y ficticios, muchos piensan que el avance en conocimientos (amplitud y profundidad) es evidente; que el pasado es despreciable. Y hemos de confesar que los maníacos del cambio han logrado éxito al bombardearnos con una terminología pedante y vacua.Página 24 de El Diario Vasco del 16 de marzo de 1977 (PDF, 950 KB)
Nuevos métodos, moderna pedagogía, enseñanza objetiva, individualizada, crítica, medios audiovisuales, etc., son conceptos que se manejan entremezclados creando la confusión de que viene siendo víctima la masa del país.
Hace falta una dosis considerable de buena voluntad para poner las cosas un poco en su sitio. La propaganda desplegada a propósito de esa pretendida revolución en la enseñanza pregonada por quienes parieron la ley de educación, hizo concebir unas esperanzas que ya eran falsas desde su planteamiento.
Influidos por corrientes psicológicas que veían en cualquier rigor o disciplina intelectual el origen de traumas infantiles, hemos caído tan bajo en el nivel de preparación de los escolares que va a resultar muy difícil remontar a una cierta altura, aun en el caso de que se intente poner remedio inmediato.
Leer ejercicios de chicos de C.O.U. con una cantidad vergonzosa de faltas de ortografía ya casi ni sorprende. ¡Incluso hay quienes dicen que éstas no tienen importancia! Acaso así sea para ordeñar vacas en una granja o para entrecavar patatas (y aún es discutible). Suprimir exámentes, quitar ejercicios y controles. Reducción a esas pruebas objetivas que se contestan “con un nombre, una fecha, un lugar”.
Los exámenes son un choque brutal, han alegado quienes pretenden quitar esfuerzo, trabajo, disciplina y responsabilidad en la preparación del hombre del mañana, que habrá de enfrentarse, sin paliativo, con dificultades, obstáculos y penalidades, sólo salvables tras un largo ejercicio desde la infancia.
Veamos los obstáculos eliminados en aquella especie de carrera hacia el individuo responsable, consciente y con sentido crítico, que habían sido los estudios (a pesar de las enormes deficiencias, no subsanadas ciertamente por los “tecnopedagogos”).
Supresión del ingreso en el bachillerato; examen bien sencillo pues prácticamente se reducía a escritura al dictado y a una cuenta de dividir por tres cifras. Poco, sin duda, pero es que teníamos ante nosotros un niño de 10 años. Tal examen había supuesto previamente cientos de dictados y cuentas, con lo cual el examinado llegaba a dominar la escritura y conocía de maravilla las llamadas cuatro reglas.
¿Qué algunos fracasaban en tan sencilla prueba, por nervios? Es verdad; mas era un porcentaje mínimo. Se había efectuado así la primera selección (muy suave naturalmente). Luego en cuarto curso de bachillerato venía la vapuleada reválida (vapuleada por los negociantes de la docencia). Esta, aparte de la preparación media que exigía, proporcionaba un título elemental suficiente para ciertas profesiones y actividades, y bastante más importante que el actual de “graduado”.
Un 50 por ciento, más o menos, pasaba al bachillerato superior. Este, dividido ya opcionalmente en dos ramas fundamentales, de Ciencias y Letras, tras la reválida correspondiente, seleccionaba con vistas a preparaciones superiores. La titulación bastaba para otra porción de actividades.
Quien pretendía acceder a la Universidad o a las Escuelas Especiales (entre el 50 por ciento y el 70 por ciento de alumnos) debía continuar el curso preuniversitario y su prueba final ante dicha Universidad. Luego venían los obstáculos de las carreras y, para algunos, de la oposición, esa bestia propiciatoria tan vilipendiada por algunos intereses privados y privilegios de época bien reciente, de la cual nos ocuparemos próximamente.
Todo eso exigía un esfuerzo, un rigor, una disciplina, como hemos apuntado. Los defectos del sistema, que evidentemente eran muchos, se hubieran remediado con retoques y cambios racionales.
¿Cuál ha sido el beneficio reportado por la supresión de todas esas pequeñas vallas que el competidor había de saltar para llegar a la meta? Un descenso en el nivel de conocimientos que no puede ser subsanado ni complementado por la información visual (tan alegada por algunos).
Añadamos la supresión de las clases del sábado por la mañana, que inutiliza prácticamente otros días por el ambiente que crean dos días de holganza. Háblese con el profesorado, sobre todo si lleva años de docencia, y éste dirá la diferencia entre el nivel escolar de hace unos años y el conseguido por la nueva “ordenación” (!) de la enseñanza.
Pérdida de conocimientos, de simple cultura general, de vocabulario, reducido a un mínimum de palabras. Total, empobrecimiento intelectual hasta niveles ínfimos. Añadamos a ello el problema del profesorado, de que hablaremos otro día, aun a trueque de atraernos la ira de algunos.
El peligro del “tercermundismo” cultural que nos acecha es evidente con todas las calamidades que sobre la calidad de vida esto lleva consigo.
M. AGUD QUEROL