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El 11 de marzo de 1894 se podía leer esto en El Cántabro:
CARTA DE SAN SEBASTIAN.
8 de Marzo de 1894.
Sr. Director de El Cántabro
TOLOSA.
Muy señor mío: El dignísimo Alcalde accidental D. Joaquín Lizasoain ha dictado el siguiente bando:Página 2 de El Cántabro del 11 de marzo de 1894 (PDF, 866 KB)
"Habiendo llegado a mi noticia que de algun tiempo à esta parte, especialmente los días festivos, no son extrañas en esta ciudad escenas que antes jamás había presenciado, motivadas por algunos seres degradados que probablemente á consecuencia del abuso de bebidas alcohólicas, con inmundas blasfemas, actos y palabras soeces causan grave ofensa a la moral y buenas costumbres, comprometiendo la justísima reputación de ciudad modelo de cultura de que goza San Sebastián, y estando resuelto á no consentir tan punibles excesos, contribuyendo por cuantos medios estén al alcance de mi autoridad á cortarlos de raiz, he resuelto:
1.º De conformidad con lo dispuesto en el art.º 79 del Reglamento de Policía Urbana de este municipio, serán castigdos por mi autoridad con todo el rigor que la Ley consiente y sin perjuicio de la acción de los tribunales, cuantos en la vía ó lugares públicos, ó de modo que á una ú otros trascienda, blasfemen ó con sus actos ó frases, ofendan á la moral y buenas costumbres.
2.º Quedan encargados los agentes de la autoridad municipal, bajo su más estrecha responsabilidad, de velar con especialidad por el cumplimiento de este bando, dando cuenta inmediata de cuantas infracciones al mismo notasen.
3.º Ruego también al público sensato, que constituye la casi totalidad del de San Sebastián, coadyuve la acción de la autoridad para el logro del útil objeto indicado.
San Sebastián 4 de Marzo de 1894.
-El Alcalde accidental, Joaquín Lizasoain.”
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Tiene razón el Sr. Lizasoain. Los seres degradados van abundando por desgracia en este antes tranquilo solar, y es menester atarles corto.
Es una vergüenza lo que sucede hoy en San Sebastian, especialmente los dias festivos. Las palabrotas más soeces, las blasfemias más atroces, las conversaciones más desenvueltas se oyen sin cesar por calles y paseos.
Mas no solo de palabra se ofende á la moral, los seres degenerados, los que viven en continua embriaguez, pasan con el mayor cinismo á vías de hecho. De tal modo se ha generalizado esto, que los forasteros alegres y bullangueros; apenas llegan á esta ciudad, empiezan á hacer lo mismo.
Tal es la fama que por fuera tienen en general las mujeres de aquí.
Es la verdad, aunque sea penoso confesarla. En ningun sitio es menos respetada la mujer; en ninguna parte se atreverá el hombre más libertino á pasar siquiera la mano por la cara á una jóven, así sea de vida airada. Aquí esto y otros excesos se observan, en la vía pública, ante la luz del dia, delante de infinidad de personas.
Y unas veces con el pretesto de los bueyes, otras con el de las romerías, otras con el de los conciertos de la Alameda, señaladamente los dias de toros, la mujer que acude al barullo sabe que vá á ser manoseada, que vá á ser sobada, que vá á oir frases deshonestas.
Lo cual indica que no está toda la culpa de parte de los hombres. Las mujeres son mucho más delincuentes. Si no las gustasen las apreturas, si no las agradasen los atrevimientos de los hombres, no irian á esos sitios, ó en el caso de ir, contestarían con una bofetada al que se propasara lo más mínimo.
Tan bueno es Enero como Febrero.
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Por si acaso parece exajerada la pintura, ahí estan los escándalos de la plaza de la Constitución los días de Carnaval, ahí esta la Avenida de la libertad, foco de inmundicia todas las noches.
Las familias que tienen su morada en aquella plaza se han visto precisadas á retardar muchas veces su regreso á casa por no atravesar aquel burdel indecoroso. Muchas personas se ven obligadas á privarse de dar unos paseos en la Avenida, porque desde que anochece se asemeja á un barrio de gitanos.
Es preciso verlo para creerlo.
El relajamiento de las costumbres llega á tal extremo que las mujeres son muchas veces las que provocan é incitan al hombre. Añádase á esto la aglomeración de miltiares, que descuellan por su poca aprensión, y que al darles un pié toman cuatro, y se comprederá lo bien que á la calle le sienta el nombre que le dieron después de la gloriosa.
Avenida de la libertad.
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No ménos escándalo se observa al pasar por delante de varias tabernas. ¡Cuántas veces tiene uno que salirse al medio de la calle para no rozar con la hez y la escoria que obstruye las aceras, y atruena los oidos con sus gritos semi salvajes, con sus interjecciones impias y con sus gestos sin pudor!
Es de todo punto indispensable poner coto á tanto abuso si no queremos que las oleadas de la chusma nos arrollen y envuelvan, y pierda San Sebastian la nota de población civilizada.
Para eso, además de castigar la blasfemia y palabras feas, reprímanse con mano fuerte los atropellos antes indicados; que no veamos ya por las calles hombres que se propasan con las mujeres; vgílense las tabernas y ciérrense dos ó tres horas antes.
Y ya que de tabernas hablo, he de llamar la atención de una situada en frente de la venta del pescado, manifestando, por si no lo sabe el Sr. Alcalde, que está abierta toda la noche.
Lo cual, sobre que no se debe consentir porque las tabernas nada bueno traen, es una injusticia notoria, toda vez que á las demás se las manda cerrar á las once ó doce.
En este sentido, el dignísimo Alcalde D. Joaquin Lizasoain, que tanto trabajó también en los carnavales últimos, por todo lo que merece la más completa enhorabuena, y yo se la envio sinceramente, puede hacer mucho en defensa de la moral y las buenas costumbres.
¡Duro con los depravados y escandalosos!
El público sensato, que es la inmensa mayoría, puede ayudar en gran parte la acción de la autoridad, denunciando á esta cuantas faltas observe. Es de creer que nadie escurrirá el bulto, porque todos estamos interesados en que desaparezca la broza.
Por mi parte, el bando lo hubiese ampliado diciendo que á toda esa caterva de alborotadores les quedaba prohibido pasear por donde la gente formal y honesta.
Y no les hubiera amenazado mas que con usar los únicos medios adecuados á ellos.
La escoba.
Y el carro de la basura.